La ansiedad generalizada es una forma de castigarse. Es un autocastigo.

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La ansiedad generalizada es una forma de castigarse. Es un autocastigo.

Si vives en un país occidental, como por ejemplo España, muy posiblemente te hayan programado desde que eras pequeño a que los pecados, las malas acciones, y los malos comportamientos, son perdonados si cumples un castigo.

El castigo exonera, perdona, disuelve y limpia conciencias. Es la lejía de la conciencia.

Por tanto si me siento culpable por algo, debido a mi larga programación mental, voy a pedir un castigo. Está claro que no tengo porqué pedirlo verbalmente, pero hay muchas maneras de pedirlo.

Y lo hago, no porque quiera fustigarme ni maltratarme, si no porque en mi mente esta bien sembrada la idea de que así me liberaré de mi culpa. Seré libre.

Sentirse culpable es algo muy feo, muy tóxico, nos enferma, nos ahoga. El castigo por tanto equilibrará las cosas y nos permitirá poner otra vez el contador a cero.

Es probable que si tienes ansiedad generalizada, ansiedad como forma de vida, te sientas bastante culpable por cosas que has hecho, o por cosas que no has hecho.

Te sientes culpable por pensamiento, palabra, obra, u omisión. Por alguna de estas.

Seguramente seas buena persona.

Y entonces te castigas inflándote de ansiedad, llenando tu mente de recordatorios, a modo de “post-it” de que no vas bien.

Es un castigo muy creativo porque se nos acaban ocurriendo mil maneras de activar el resorte de la ansiedad, por no hablar de las numerosas cosas y situaciones que se añaden a diario sobre las que asociarlas a nuestro mal estar (ese maldito centro comercial, esa calle fea, ese portal, esa persona, este parque..). En resumen, que todo se vuelve aversivo, hasta el volante de tu coche.

Si te apetece empezar a plantearte ser un poco amigo de tí mismo y no “castigarte” tanto, es posible que empieces a sentirte mejor. Quererse a uno mismo es importante, claro está, pero empezar por intentar caerte un poco mejor es un buen paso.

El castigo no libera de culpas porque solo uno puede perdonarse a sí mismo. Otra cosa es que el castigo me haga percibir que “he pagado por lo que hice” y socialmente estoy a cero en el contador, pero no libera de culpa, porque muchas personas que han estado presos por algo feo que hicieron y pagaron su condena, su castigo, siguen sientiéndose culpables por lo que hicieron.

El castigo no libera de culpas, es un ajuste social. Por tanto te invito a no castigarte con permanente ansiedad porque no vas a liberarte del yugo. Si fuera así, no estarías leyendo esto.

Lo más práctico es no sentirse culpable. Es más útil gastar la energía en solventar lo que no me gusta.

Sentir ansiedad es como tener un agujero negro en el pecho, justo lo contrario a sentirse con el pecho inflado, como cuando ayudas a alguien, o ganas en algo.

Resumiendo, si te sientes culpable no te castigues con la ansiedad porque no te está solucionando nada. Si te sientes culpable, pues te perdonas lo antes que puedas, y después a solventar.

Llámanos si quieres liberarte de tu ansiedad y dejar de castigarte sin sentido.
Llámanos al teléfono 696 980 709 o envía un email a citas@acabarconlaansiedad.es

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